Hay padres que lo detectan enseguida: un diente que sale por detrás, una mordida que “no encaja” o una sonrisa en la que parece que no hay sitio para todos los dientes. Y entonces surge la duda: ¿el apiñamiento se corregirá solo o conviene revisarlo cuanto antes?
La realidad es que los dientes torcidos en niños no siempre significan un problema severo, pero tampoco conviene restarles importancia. En muchas ocasiones, detrás hay una mezcla de factores: falta de espacio, hábitos orales, respiración oral o alteraciones en la forma de morder. Además, cuanto antes se valore al niño, más fácil es decidir si basta con observar, si hay que prevenir o si merece la pena comenzar un tratamiento.
Para evitar que las maloclusiones se agraven, en la Clínica Dental Bugella & Rubio recomendamos realizar una primera valoración ortodóncica a los tres años, precisamente porque a esa edad ya puede detectarse si el desarrollo de los dientes y los huesos maxilares va por buen camino.
¿Por qué salen los dientes torcidos?
Detrás de unos dientes mal alineados puede haber varias causas. Las principales son dos:
- Falta de espacio: a veces el maxilar superior o la mandíbula son más estrechos de lo deseable y, al salir los dientes definitivos, estos no encuentran su sitio.
- Herencia genética: hay niños que “heredan” unos dientes demasiado grandes para el tamaño de su arcada o, directamente, una arcada pequeña.
Además de las causas principales, hay hábitos y funciones orales que pueden alterar el desarrollo de la mordida, por ejemplo:
- Chuparse el dedo más allá de los dos años.
- Usar chupete o biberón más allá de los dos años.
- Respirar por la boca, en vez de por la nariz.
- Empujar los dientes con la lengua al tragar (deglución atípica).
- Perder dientes temporales (de leche) antes de tiempo por caries o traumatismos.
Estos factores pueden contribuir al desarrollo de determinadas maloclusiones, como apiñamiento, mordida abierta, paladar estrecho o mordida cruzada.
¿Es normal que los dientes de los niños estén torcidos?
Durante el recambio dentario es relativamente frecuente que algunos dientes erupcionen en una posición inadecuada, sobre todo cuando coinciden dientes de leche y definitivos. En muchos niños hay una fase de cierta irregularidad que puede entrar dentro de lo esperable.
Ahora bien, aunque sea relativamente normal, hay que revisarlo, sobre todo cuando los dientes torcidos en niños conviven con otras señales como falta de espacio, incisivos muy adelantados, dientes que erupcionan por detrás o hábitos orales nocivos que se mantienen en el tiempo (succión del dedo pulgar, uso del chupete o biberón…).
Por eso desde Bugella & Rubio recomendamos acudir al ortodoncista antes de que hayan erupcionado todos los dientes definitivos. Una revisión a tiempo, a los tres años, permite determinar si solo hay que controlar la evolución o si merece la pena intervenir en una fase temprana del crecimiento.
¿Qué problemas pueden ocasionar los dientes torcidos?
Más allá de la estética, una mala alineación puede afectar a la salud oral y a la función:
- Mayor dificultad de higiene: cuando los dientes están apiñados o la mordida no encaja bien, limpiar ciertas zonas resulta más complicado y puede acumularse más placa bacteriana.
- Más riesgo de caries y problemas de encías: esa dificultad de limpieza puede favorecer la aparición de caries y gingivitis.
- Desgaste dental anómalo: si la mordida no reparte bien las fuerzas, algunos dientes pueden desgastarse más de lo normal.
- Problemas funcionales: también pueden aparecer dificultades al masticar correctamente, molestias articulares o alteraciones al pronunciar algunos sonidos.
- Impacto emocional: una sonrisa que genera complejo puede afectar a la seguridad y a la forma en la que el niño se relaciona con su entorno.
Por eso, cuando valoramos unos dientes torcidos en niños, no solo observamos cómo están los dientes hoy, sino también cómo pueden evolucionar la función, la higiene oral y el bienestar con el paso de los años.
¿Cómo se pueden corregir los dientes torcidos en los niños?
La corrección depende de la causa, de la edad del niño y del momento de crecimiento en el que se encuentre. No hay una solución única para todos, y por eso es importante valorar cada caso de forma individual.
Antes de plantear cualquier tratamiento, conviene entender qué está provocando el problema y en qué fase de desarrollo se encuentra el niño. A partir de ahí, pueden darse distintas situaciones:
- Observación y revisiones periódicas: en algunos casos basta con controlar la evolución y revisar cómo va cambiando la mordida con el crecimiento.
- Saneamiento previo de la boca: si hay caries, infecciones o pérdida prematura de dientes de leche, lo primero es tratar la base para evitar que el problema avance.
- Mantenimiento del espacio: cuando un diente temporal se pierde antes de tiempo, puede ser necesario conservar el hueco en el que estaba para facilitar la erupción correcta del definitivo. Para ello, pueden utilizarse unos aparatos conocidos como mantenedores de espacio.
- Corrección de hábitos orales: si el niño se chupa el dedo, respira por la boca o empuja los dientes con la lengua al tragar, es importante actuar sobre ese factor para no perpetuar la alteración.
- Ortopedia dentofacial u ortodoncia interceptiva: cuando hace falta, se pueden pautar determinados tratamientos para guiar el crecimiento, ensanchar un maxilar estrecho, corregir mordidas cruzadas o favorecer que los dientes definitivos tengan mejores condiciones para erupcionar correctamente. Algunos de los tratamientos más utilizados son los alineadores para niños o los aparatos funcionales, como el disyuntor de paladar, el Twin Block o el Bionator.
En línea con la filosofía de nuestra clínica, en Bugella & Rubio todo este proceso se aborda de forma coordinada. Por un lado, la doctora Irene Real, odontopediatra, ejecuta la fase de saneamiento y prevención infantil. Por otro lado, la doctora Silvia Bugella, ortodoncista, supervisa la evolución y valora si hace falta una fase de ortopedia y/o ortodoncia. Además, si se detecta respiración oral o una forma de tragar que pueda estar influyendo en la mordida, se estudia la coordinación con otros especialistas, como un logopeda, o la derivación a un otorrino.
¿Cómo evitar que a los niños les salgan los dientes torcidos?
El apiñamiento no siempre se puede prevenir al cien por cien, porque la genética pesa. Aun así, hay medidas que ayudan a reducir riesgos y a detectar problemas a tiempo.
Lo más útil suele ser:
- Acudir a una primera revisión con el odontopediatra al cumplir el primer año.
- Acudir a la primera revisión con el ortodoncista a los tres años.
- Tratar pronto las caries en dientes de leche.
- Evitar pérdidas prematuras de piezas temporales. Para ello, es conveniente controlar el consumo de azúcares y prevenir traumatismos en los dientes. Por ejemplo, los niños que practican deportes de contacto pueden usar protectores bucales.
- Limitar y retirar ciertos hábitos orales antes de los dos años (succión del dedo pulgar, uso de chupete o biberón…).
- Vigilar si el niño respira por la boca, ronca o mantiene la boca abierta con frecuencia. En caso de detectar dichas señales, conviene consultar con el ortodoncista.
- Observar si hay dificultades al tragar, masticar o cerrar bien los labios. Ante estos signos, se debe acudir al ortodoncista.
Si has notado que a tu hijo le están saliendo los dientes torcidos o quieres quedarte tranquilo con una valoración profesional, te aconsejamos pedir una primera consulta y resolver las dudas cuanto antes.
En la Clínica Dental Bugella & Rubio seréis atendidos por nuestros equipos especializados: la doctora Silvia Bugella, ortodoncista, y la doctora Irene Real, odontopediatra. Gracias a esa coordinación, podremos abordar vuestro caso con una filosofía conservadora y muy personalizada.




